Contra la discriminación por diabetes - Entrevista a Antonio Alza

13-marzo-2026

El camino de Antonio hasta llegar a ser policía municipal conviviendo con diabetes tipo 1 no fue sencillo. Tuvo que negociar, junto con sindicatos, las bases de una convocatoria de estabilización donde la diabetes era todavía motivo de exclusión. Su trayectoria muestra la importancia de derribar barreras no solo por uno mismo, sino también por los que vienen detrás.

Si en 2003 le hubiesen dicho a Antonio Alza que iba a convertirse en policía municipal, probablemente no lo hubiera creído. Ese año debutó con diabetes tipo 1 y su vida estaba a punto de cambiar. Tenía 29 años. Pero la insulina, el contaje de raciones o la tecnología no iban a ser las únicas novedades. También su futuro laboral iba a dar un giro de 180 grados.

Todo empezó diez años después de su debut, cuando en 2012-2013 entró por oposición a una plaza como agente de la OTA (estacionamiento regulado) en Hondarribia, donde empezó a trabajar codo con codo con la policía municipal. Para su sorpresa, disfrutó del trabajo a pie de calle: “Venía mucha gente a preguntarte cosas y sentía que ayudaba a los demás”.

Cuando se le presentó la oportunidad, Antonio optó a un puesto interino en la policía municipal de Hondarribia. De la noche a la mañana, se encontró trabajando como agente de policía. Y le gustó. Aunque no era vocacional, ni se había imaginado nunca en este trabajo, le pareció que había encontrado su sitio. Tanto que, cuando comenzó un proceso general de estabilización en 2021, decidió que iría a por la plaza.

Abrir camino

A pesar de que en 2018 un acuerdo del Consejo de ministros había eliminado la diabetes (junto con VIH, celiaquía y psoriasis) como causa genérica de exclusión médica para el acceso al empleo público, su aplicación aún tardó en reflejarse en algunas convocatorias autonómicas y municipales. Esta fue, precisamente, la situación que se encontró Antonio. “En el País Vasco, dentro de la academia de Arkaute, todavía existía esta eximente”, explica. En las bases iniciales de la convocatoria, las personas con diabetes estaban excluidas.

En aquel momento, Antonio, él mismo un enlace sindical dentro del proceso, tuvo que negociar las bases con el Ayuntamiento para poder acceder a las pruebas.  Para su fortuna, encontró que había un antecedente: justo un año antes, una persona había ganado un juicio similar, y la ley le había dado la razón. Al final, después de meses de negociaciones, el Ayuntamiento admitió quitar las eximentes por enfermedades crónicas. La diabetes dejaba de ser una barrera para él.

Aunque admite que fue un proceso cansado y bastante agotador, Antonio recuerda satisfecho cómo consiguió, con su lucha, marcar un precedente para otras personas con diabetes. “Desde entonces yo siempre le digo a la gente que, aunque encuentren dificultades, sigan adelante con lo que se proponen, que no oculten que tienen diabetes, sino que intenten lucharlo, porque lo van a conseguir”, resume.

En todo ese tiempo, Antonio no había dejado de practicar ejercicio físico, especialmente tras el debut: todos completaba más de una hora de sesión en el gimnasio. Esto le permitió superar las pruebas físicas, tan exigentes en el cuerpo de policía. “Tuve que pasar un reconocimiento médico y posteriormente otro, con un informe de tu endocrino diciendo que estaba bien a pesar de tener diabetes”, recuerda Antonio. Finalmente, sacó la plaza.   

 

Normalizar la diabetes en el entorno laboral

A pesar de todas las trabas burocráticas, cuando entró en la academia de policía Antonio fue tratado “como uno más”. La instrucción la realizó en la Academia Vasca de Policía y Emergencias (AVPE) de Arkaute, donde se forma la Ertzaintza y también la policía municipal de la región. “Ni yo escondí que tenía diabetes, ni los instructores me trataron distinto por ello”, recuerda Antonio, quien afirma haberse sentido respaldado en todo momento.

Sin embargo, no siempre ha sido así. En otras ocasiones, recuerda, Antonio sí ha sentido discriminación o un trato distinto. “Algunas personas muestran curiosidad por saber cómo tratarme si me pasaba algo, que es algo totalmente normal, pero a veces también se ha cuestionamiento mi trabajo, como si fuese a hacerlo peor por el hecho de tener diabetes”, explica.  Anteriormente, también relata haber tenido algún “encontronazo” por utilizar el bolígrafo en público: “En un trabajo anterior, una compañera me decía que le molestaba mucho verme pinchándome insulina, y me pedía que fuera al baño para hacerlo”.

Pero para Antonio, el hecho de tener diabetes no es más que una parte más de su cotidianidad. “En estos años trabajando de policía, no he tenido ningún suceso negativo que tenga que ver con la gestión de la diabetes”, apunta. Esto, en parte, ha sido gracias a la adopción de tecnología, como la bomba de insulina. “Al principio, tras el debut, todo eran renuncias, pero poco a poco y gracias a la tecnología he sentido que podía recuperar totalmente la vida que tenía antes”, resume.

Artículo publicado originalmente en el número marzo-abril 2026 de la Revista DiabetesFEDE.