12-marzo-2026
Existe una clara relación entre la diabetes y las patologías renales. Entre el 30% y el 40% de las personas con diabetes pueden llegar a desarrollar algún grado de Enfermedad Renal Crónica (ERC).
La ERC puede pasar desapercibida en los primeros estadios de la patología, por lo que es imperativo realizar revisiones periódicas que garanticen una detección precoz de la misma.
Además, puede incrementar el riesgo cardiovascular y multiplicar el riesgo de necesitar diálisis o un trasplante renal.
La patología suele ser más propensa a aparecer a los quince o veinte años de evolución de la diabetes tipo 1.
En cambio, en personas con diabetes tipo 2 es probable que, en el momento del diagnóstico de la diabetes, ya se haya producido daño renal.
Diagnóstico de la ERC
La ERC es una patología cuyo diagnóstico es muy sencillo: se puede detectar por medio de un análisis de sangre y una muestra de orina.
En la muestra de orina los valores que se analizan son:
•Filtrado glomelural, que es el volumen que se filtra por los riñones por minuto, el cual debe ser mayor de 60 mL/min.
•Albuminuria en la orina, la cual debe ser menor a 30 mg/g.
Esta prueba de orina se realiza dos veces separadas por al menos 3 meses de distancia. Si ambas dan valores alterados, se confirma el diagnóstico.
Una vez se alcanza cierto grado de la patología, la misma es irreversible, por lo que la detección precoz y un tratamiento adecuado a tiempo se vuelven fundamentales en el abordaje de la misma.
Síntomas de la ERC
En muchs ocasiones, se presenta la patología sin sintomatología asociada.
En cambio, cuando ya se están en estados avanzados de la misma, se pueden presentar una serie de signos:
•Hematuria, o sangre en la orina
•Espuma en la orina
•Dolor muscular
•Picor en la piel
•Fatiga
•Náuseas
•Falta de apetito
•Vómitos
•Hinchazón en pies, manos o tobillos
•Pérdida de peso
•Dificultad para dormir
Prevención o abordaje de la ERC
Para prevenirla o tratarla, es necesario llevar un adecuado control glucémico y control de la presión arterial. Además, de tratar de reducir el riesgo cardiovascular y abordar la dislipidemia a tiempo (altos niveles de triglicéridos en sangre y colesterol HDL bajo).
Todo esto va de la mano con la importancia de implementar hábitos de vida saludables, como una dieta equilibrada, actividad física frecuente, reducir la ingesta de alcohol o evitar el tabaco.