27-marzo-2026
Ana Belén Ruiz : “Las barreras administrativas, digitales y culturales afectan al control de la diabetes en personas migrantes”
Ana Belén Ruiz Jiménez es enfermera especializada en diabetes, educación terapéutica, accesibilidad cognitiva y mediación intercultural. Además de trabajar en el Servicio Canario de Salud, actualmente en Atención Primaria en el Centro de Salud de Valterra (Lanzarote), coordina el Grupo de Trabajo de Multiculturalidad y Diabetes de la Sociedad Española de Diabetes (SED), un grupo interdisciplinar que trabaja para visibilizar cómo la diversidad cultural influye en la atención a las personas con diabetes.
P. ¿Cómo y por qué se crea el Grupo de trabajo de multiculturalidad y diabetes?
R. El grupo nace a partir de una realidad que muchas y muchos profesionales vemos cada día en consulta: la diabetes no se vive ni se gestiona de la misma manera en contextos culturales diversos. Las creencias sobre la salud, la alimentación, el autocuidado o la relación con el sistema sanitario influyen de forma directa en el control y la adherencia al tratamiento, independientemente del lugar de origen.
La oportunidad surge al identificar la necesidad de un espacio específico dentro de los grupos de trabajo de la Sociedad Española de Diabetes, ampliando la mirada más allá del enfoque exclusivamente migratorio y poniendo el foco en la diversidad cultural, social y lingüística.
Así, el grupo se crea con objetivos muy concretos: mejorar la equidad en el acceso a la atención sanitaria, favorecer el diagnóstico temprano, adaptar la educación terapéutica en diabetes a distintos contextos y reforzar la prevención desde un enfoque comunitario e intercultural, para que ninguna persona quede fuera del sistema por barreras evitables como el idioma, la burocracia o la falta de apoyos.
Se trata de un grupo interdisciplinar. ¿Qué perfiles profesionales hay y qué función tienen dentro del grupo?
Es un grupo interdisciplinar porque el reto de atender la diabetes en contextos de diversidad cultural también lo es. En la práctica, una persona con diabetes no solo necesita una pauta de medicación: necesita orientación, comprensión, acompañamiento, accesibilidad y coordinación, teniendo en cuenta su contexto particular. Por tanto, el grupo reúne a profesionales de diferentes disciplinas y lugares de España, cada uno con un papel clave: profesionales de enfermería, profesionales médicos (medicina de familia, endocrinología y nutrición) y profesionales del ámbito de la mediación intercultural. Se trata de un espacio abierto y flexible en el que también pueden participar otros perfiles profesionales.
¿Cuáles son las barreras principales que enfrenta una persona migrante para acceder a un diagnóstico temprano y a un seguimiento continuado en España?
Las barreras más frecuentes suelen ser una mezcla de factores administrativos, sociales y culturales. Entre las más habituales están la burocracia, la falta de alfabetización sanitaria o la barrera idiomática que impide que el paciente pueda pedir una cita o entender un diagnóstico. Además, existen barreras relacionadas con el estilo de vida, como por ejemplo trabajos con horarios incompatibles o miedo a perder el trabajo si se acude al centro médico en horario laboral. También encontramos miedo y desconfianza, especialmente si han vivido situaciones de discriminación previamente. Y, por último, hay que destacar la soledad y falta de red familiar, que pesa muchísimo en una patología crónica: si no tienes a nadie, todo cuesta más. Estas barreras no solo retrasan el diagnóstico, también rompen el seguimiento. Y en diabetes, perder el seguimiento es perder prevención.
En contextos de diversidad cultural, ¿qué cambios en el estilo de vida suelen influir más en el control glucémico y en la adherencia al tratamiento?
Un cambio en un contexto social influye directamente en la manera de comer, de organizar los horarios y de cuidarse de un paciente, lo que vuelve más complejo el manejo de una patología crónica como la diabetes. Los más comunes con la alimentación, horarios y turnos laborales, actividad física deficiente, estrés crónico, falta de sueño o interrupciones en el acceso a material médico. El resultado suele ser un control glucémico más inestable, más picos de glucosa, peor adherencia y, algo muy importante, más sentimiento de frustración: “hago lo que puedo, pero no llego”. Por eso el enfoque no puede ser solo “cumple”, sino “vamos a adaptarlo a tu realidad”.
¿Qué entendemos por duelo migratorio y cómo puede afectar al bienestar psicológico y emocional de las personas que migran?
El duelo migratorio es el proceso emocional que vive una persona cuando deja atrás su país, su familia, su lengua, sus costumbres y su red de apoyo para empezar de nuevo en otro lugar. En este tránsito se pierde lo conocido, la seguridad, el rol social y, muchas veces, la sensación de pertenencia. Además, no siempre se vive de forma consciente ni se reconoce como tal, lo que hace que se arrastre en silencio.
Este duelo puede dar lugar a estrés crónico, ansiedad, sentimientos de soledad, culpa o desarraigo, e incluso en síntomas depresivos. Todo esto tiene un impacto directo en la diabetes. Se traduce en descompensaciones inexplicables, dificultades para seguir pautas, miedo a la insulina, problemas con la alimentación o desconexión con la patología. Si no entendemos el contexto emocional y vital que hay detrás, corremos el riesgo de etiquetar como “mal cumplidor” a quien en realidad está atravesando un proceso de pérdida y adaptación muy profundo. Por eso, abordar el duelo migratorio en personas con diabetes es parte esencial del cuidado. Porque sin bienestar emocional, el manejo de una patología crónica como la diabetes se vuelve mucho más difícil.
¿Puede el trabajo de este grupo convertirse en un motor real de cambio para influir en políticas sociales que mejoren la atención a las personas con diabetes?
Sí, totalmente. Porque cuando un grupo convierte lo que ocurre en consulta en propuestas claras, basadas en realidad, puede empujar cambios. Algunas políticas o líneas de mejora que el grupo puede impulsar con fuerza son: el refuerzo de mediación intercultural e interpretación en atención primaria, no como “extra”, sino como necesidad asistencial, la creación de programas comunitarios de prevención en barrios de alta diversidad cultural, en colaboración con las asociaciones. También proponemos la creación de materiales oficiales adaptados en múltiples idiomas y formatos, formación estructurada a profesionales en competencias culturales, o la creación de protocolos asistenciales que integren lo social y lo sanitario.
Si algo demuestra la experiencia es que cuando se mejora la accesibilidad, la comunicación y el acompañamiento, mejora el control de la diabetes… pero sobre todo mejora la dignidad con la que esa persona vive su patología.
Artículo publicado originalmente en el número de marzo de la revista DiabetesFEDE.