España a la cola de Europa en enfermería escolar

28-diciembre-2025

Vuelta al cole: España, a la cola de Europa en enfermería escolar

La vuelta a clase viene cargada de incertidumbre para las familias de niños y niñas que conviven con una patología crónica, como la diabetes. Este año, muchas de ellas no contarán con una enfermera escolar en el aula. Hablamos con representantes del colectivo de enfermería, así como con familias que conviven con la diabetes, para conocer el funcionamiento y los problemas a los que se enfrenta esta profesión.

“Cuando mi hija debutó con 6 años, me tocaba ir al colegio más que al trabajo”, cuenta Isaac, empleado público madrileño y padre de una niña escolarizada en el Gerardo Diego de Leganés. “Tuve que pelearme mucho con la consejería de educación para que mandasen a una enfermera, pero finalmente lo hicieron. Con ella aprendimos a la par, en conjunto. Cuando la niña se iba de excursión, se iba con ella”, recuerda. “Después de ella hemos tenido muchas experiencias, algunas buenas y otras no tanto.  Ahora mi hija está en el instituto y ha llegado el momento de ser totalmente autónoma en su patología”.

Tal y como cuenta Isaac, una enfermera escolar cumple diferentes funciones dentro de un centro educativo. Para un niño o niña con diabetes, es la persona a la que puede dirigirse si se encuentra mal; es quien vigila desde la distancia que todos los valores de glucosa sean seguros. Su presencia le permitirá sentirse libre y tranquilo para ir aprendiendo poco a poco sobre su patología hasta poder ser totalmente autónomo. Para las familias, por su parte, la enfermera escolar representa la tranquilidad y la conciliación. El no tener que hacer malabares todo el día, y poder respirar tranquilas sabiendo que su hijo o hija está en un entorno seguro.

Y, sin embargo, no todas las familias tienen acceso a esta sensación de seguridad. Según los últimos datos del Consejo General de Enfermería (CGE), en la actualidad en España hay solamente una enfermera por cada 6.300 alumnos, una cifra muy alejada de la media de la Unión Europea, donde hablaríamos de una enfermera escolar por cada 750 alumnos. A esto se junta una situación especialmente precaria para este colectivo ya que, según denuncian desde la Asociación Nacional e Internacional de Enfermería Escolar (AMECE), una enfermera escolar percibe, a lo largo de toda su vida, un sueldo bastante inferior al de una enfermera de otros ámbitos sanitarios.

“Hoy día, solamente optan a estos puestos de trabajo aquellas enfermeras que, o bien tienen una vocación inmensa por la enfermería escolar, o bien necesitan tener ese horario por temas de conciliación”, cuenta Natividad López Langa, presidenta de AMECE. Tal y como nos cuenta Natividad, este año, en la Comunidad de Madrid muchas de las enfermeras escolares que habían sacado plaza han renunciado a ella, ya que no les compensa el cambio por las bajas condiciones económicas que imperan en el sector. La presidencia de AMECE subraya además que el problema principal continúa siendo “la falta generalizada de enfermeras en todos los ámbitos”.

 

Por una enfermera escolar en cada aula

El estatus jurídico de las enfermeras escolares no es igual en las diferentes regiones o comunidades autónomas. Y tampoco lo es la cantidad de recursos que se destinan a este sector. El País Vasco, por ejemplo, sólo cuenta con 10 enfermeras para 363.716 alumnos; Cantabria tiene cuatro enfermeras para 89.787 alumnos; o Asturias dispone de siete enfermeras para 129.015 alumnos, según datos del CGE.

En la Comunidad de Madrid, que es el caso en el que nos basamos para elaborar este artículo, no hay un criterio claro acerca de en qué casos tiene derecho un centro educativo a tener una enfermera escolar. Tal y como nos explican desde AMECE, generalmente se siguen los criterios recogidos en la ORDEN 629/2014, de 1 de julio, conjunta de la Consejería de Sanidad y de la Consejería de Educación, Juventud y Deporte (2014-2019) por la que se establece la colaboración entre ambas para la atención sanitaria de alumnos escolarizados en centros educativos públicos de la Comunidad de Madrid que presentan necesidades sanitarias de carácter permanente o continuado, , como es la diabetes, el sondaje vesical intermitente y los alumnos portadores de sonda nasogástrica o botón gástrico.  

Desde esta y otras organizaciones de enfermería, se viene reclamando que estos criterios se amplíen y todos los centros escolares puedan contar con su propia enfermera.

 

Formación, una necesidad fundamental del colectivo

Otro de los problemas con los que se topan muchas de las familias en los centros, y que también sufren las propias profesionales es la falta de especialización. Por un lado, en trabajar en escuelas; y por otro, en la propia patología de la que se tienen que ocupar. En el caso de los menores con diabetes, se trata de una patología que requiere cuidados muy específicos. Este es el caso de Olaya, mamá de Adrián, usuario de bomba de insulina con solo 7 años. Ella asegura que “a veces son los propios centros los que piden a las asociaciones locales que vayan a las aulas a formar a las enfermeras”.

El Consejo General de Enfermería lidera un posicionamiento a nivel nacional junto a otras organizaciones, entre ellas la Federación Española de Diabetes (FEDE), para solicitar la creación de un reconocimiento nacional mediante la puesta en marcha de un diploma de acreditación para instaurar la figura de la enfermera escolar, garantizando que las necesidades de salud y sanitarias de los menores sean atendidas dentro del ámbito escolar. Sin duda un reconocimiento más que necesario para que las enfermeras escolares sean una realidad en todos los centros educativos.

Artículo publicado originalmente en el número de septiebre-octubre de la revista DiabetesFEDE.