10-septiembre-2026
Alcohol y diabetes: cómo influye y qué debes tener en cuenta
Martina Miserachs, directora de Nutriendo y Vicepresidenta de la Academia Española de la Nutrición y Dietética
El alcohol forma parte de muchas situaciones sociales: celebraciones, comidas familiares o encuentros con amigos. Sin embargo, cuando se vive con diabetes, surgen dudas frecuentes: ¿puedo beber alcohol?, ¿afecta a la glucosa?, ¿es mejor evitarlo por completo?
La respuesta, aunque quizá no sea la que nos gustaría escuchar, es bastante clara: “cuanto menos alcohol, mejor”. Hoy sabemos que el alcohol no es un producto inocuo para la salud, y en el caso de la diabetes hay motivos de peso para prestarle especial atención.
¿Cómo afecta el alcohol a la glucosa?
Además de los problemas de salud asociados al consumo de alcohol (cáncer, enfermedades cardiovasculares, adicción, etc.), incluso en pequeñas cantidades, algunas bebidas alcohólicas contienen azúcares o hidratos de carbono, especialmente los cócteles, licores o combinados, lo que puede provocar subidas de glucosa.
Por otro lado, el alcohol puede reducir la producción de glucosa en el hígado, aumentando el riesgo de hipoglucemia, incluso varias horas después de haber bebido.
Este triple efecto es, precisamente, la razón por la que quienes viven con diabetes tienen motivos añadidos para ser prudentes con el alcohol.
El papel del hígado: clave para entenderlo
El hígado ayuda a mantener estables los niveles de glucosa liberando glucosa cuando es necesario. Sin embargo, cuando consumimos alcohol, el organismo prioriza su metabolización.
Esto significa que el hígado puede dejar en segundo plano la regulación de la glucosa, lo que aumenta el riesgo de hipoglucemias, especialmente si:
•Se bebe en ayunas.
•Se consume alcohol por la noche.
•Se siguen tratamientos como insulina u otros fármacos que bajan la glucosa.
Por eso, uno de los riesgos menos conocidos del alcohol en diabetes es la hipoglucemia tardía.
¿Todas las bebidas alcohólicas son iguales?
En sus efectos sobre la salud, esencialmente sí. Pero en lo que se refiere al control de los azúcares, conviene conocer algunos matices:
•Las bebidas con alto contenido en azúcar (cócteles, licores, combinados): pueden elevar rápidamente la glucosa.
•En relación al vino o cerveza: tienen menor contenido en azúcar, pero siguen aportando alcohol.
•Las bebidas destiladas (ginebra, whisky, vodka): no contienen azúcares de forma natural, pero suelen mezclarse con refrescos o zumos, lo que cambia completamente su efecto perjudicial para la salud.
Por tanto, no solo importa el alcohol en sí, sino también con qué se acompaña.
Más allá de la glucosa: otros efectos a tener en cuenta
El impacto del alcohol no se limita a la glucemia o al incremento del riesgo de cáncer y enfermedades cardiovasculares, entre otras, sino que también puede influir en otros aspectos relevantes:
•Alteración del apetito o menor control alimentario.
•Interacción con medicamentos.
•Dificultad para reconocer síntomas de hipoglucemia, que pueden confundirse con los efectos del alcohol.
•Aporte de calorías “vacías”, sin valor nutricional.
¿Existe un consumo “seguro”?
Durante años se ha hablado de “consumo moderado” de alcohol como una opción compatible con la salud. Sin embargo, actualmente sabemos que no existe un nivel de consumo completamente seguro.
Por ello, más que buscar una cantidad “segura”, el enfoque actual se centra en reducir su consumo al máximo posible o valorar alternativas.
Alternativas para disfrutar sin alcohol
Evitar el alcohol no significa renunciar a los momentos sociales. Existen muchas opciones que permiten disfrutar del sabor y del contexto sin asumir sus riesgos:
•Agua con gas con limón, lima o hierbas aromáticas (menta, romero…).
•Infusiones frías o calientes (té, rooibos, manzanilla), también en versión fría.
•Zumos naturales diluidos con agua o soda, para reducir la carga de azúcar.
•Cócteles sin alcohol (mocktails) elaborados con frutas, especias y agua con gas.
Otra opción puede ser recurrir a bebidas sin alcohol tipo cerveza 0,0 % o vino desalcoholizado (revisando su contenido en azúcares). No obstante, estas alternativas no siempre resisten bien la presión social cuando el alcohol es el protagonista del momento…
Explorar estas alternativas puede ayudar a mantener la vida social sin que el alcohol tenga un papel protagonista, y a descubrir que compartir buenos momentos no depende necesariamente de una copa.
Errores frecuentes con el alcohol y la diabetes
La principal es que su consumo aumenta el riesgo cardiovascular ya alto en las personas que viven con diabetes, pero además:
•Beber en ayunas: aumenta el riesgo de hipoglucemia, especialmente horas después.
•Pensar que el alcohol siempre sube la glucosa: en realidad, puede bajarla, sobre todo de forma tardía.
•No contar las bebidas azucaradas: cócteles, licores o refrescos pueden elevar rápidamente la glucemia.
•No controlar la glucosa tras el consumo: el riesgo no acaba al dejar de beber; puede aparecer horas después.
•Confundir síntomas de hipoglucemia con los efectos del alcohol.
•Relajarse con la alimentación, favoreciendo elecciones menos saludables.
Un mensaje final: decisión informada y consciente
El alcohol no es necesario para el cuerpo, y su consumo no aporta ningún beneficio para la salud, más bien al contrario. En personas con diabetes, su efecto puede ser aún más perjudicial por los efectos en el control glucémico.
Por eso, aunque lo más saludable sea prescindir del alcohol, lo realmente importante es tomar decisiones informadas, conocer los riesgos y valorar con serenidad si merece la pena.
Artículo publicado originalmente en el número de mayo/junio de la revista DiabetesFEDE.