Así trabajan los perros de alerta médica para la diabetes

01-noviembre-2026

Más que mascotas: Así trabajan los perros de alerta médica para la diabetes

Celia Márquez

Cuando adoptamos un perro, estamos adquiriendo mucho más que una mascota. Por un lado, ganamos un compañero para toda la vida, un amigo fiel que siempre velará por nosotros. Por otro, adquirimos también una gran responsabilidad, que pasa por el cuidado y respeto de las necesidades del animal. En algunos casos especiales, el animal puede tener incluso la capacidad de cuidarnos e impedir una hipoglucemia grave: estos son los perros de alerta para personas con diabetes.

Esta clase de perro es capaz de detectar las variaciones de glucosa a través del olfato. Trabajan con dos olores clave: el isopreno, asociado a las hipoglucemias; y los cuerpos cetónicos, que el organismo libera cuando se detecta una falta de insulina. Al perro se le entrena para reconocer esos olores por encima de cualquier otro y para emitir una respuesta de aviso, que suele ser mirar fijamente y ladrar. En algunos casos, pueden anticiparse a lo que el sensor aún marca como un valor normal.

Desde que Melanie (33 años) adoptó a su perra Milka, hace ya once años, ambas han sido inseparables. Juntas han recorrido el mundo. Primero, Alemania. Allí Milka –una enorme labradora negra– pasó sus primeros años de vida mientras Melanie se sacaba su grado de cocina. Después, numerosos viajes por Europa: Italia, Francia, Polonia… En todo ese tiempo, Milka ha avisado a Melanie en cada bajada, haciendo que se sintiera segura, especialmente durante la noche.

“Yo las hipoglucemias no las noto”, explica Melanie, quien lleva más de 20 años conviviendo con la diabetes. También 20 son los minutos que, afirma, Milka es capaz de anticiparse a los valores de su sensor. “Normalmente me mido al recibir el aviso y, con el sensor marcando la tendencia, nunca llego a tener síntomas importantes ni a estar en peligro”, señala. Milka no solo avisa, también insiste y no para hasta comprobar que su dueña mide su glucemia.

Melanie describe a Milka como una perra “muy lista para el trabajo”, tranquila y dócil en el día a día (como buen labrador). “Vamos juntas a todas partes, es una sombra constante”. Afirma que el vínculo que se crea es casi mayor que el que tiene con muchas personas, y que se fía más de ella que de cualquier sensor. 

Encantadores de perros

Milka llegó a Melanie a través de Canem, una de las varias entidades que, en España, se dedican a entrenar perros específicamente para la diabetes. El proyecto está dirigido por Lidia Nicuesa, psicopedagoga. Lidia convive con la diabetes tipo 1 desde los 5 años y es usuaria, a su vez, de una perra de alerta. Su socio, Paco Martín, había trabajado como adiestrador de perros en el ejército, para detección de explosivos. El trabajo arrancó en junio de 2013 y en 2020 el proyecto se constituyó como empresa.

Lidia cifra en unos 280 los perros de alerta médica que han adiestrado en Canem, de los cuales alrededor del 70% corresponde a diabetes (desde 2017 también los entrena para epilepsia). Desde la entidad ofrecen información sobre el servicio a todas las personas interesadas. Advierten también de que se trata de una herramienta más, la cual no sustituye a otras opciones terapéuticas prescritas desde consulta.

Adoptar un perro de asistencia médica supone un gran compromiso por parte de toda la familia, que debe involucrarse en el proceso de adiestramiento. “El método combina condicionamiento clásico y operante, y los usuarios deben ser capaces de interpretar el aviso, comprobar con los niveles que es correcto y administrar la comida como refuerzo”. Por eso, tal y como explica Lidia, es importante evaluar si realmente es un buen momento para empezar o “si solo va a generar más estrés”. Si lo consideran necesario, ellos mismos frenan el proceso.

Retos y desafíos

Pablo Serrano, presidente de la Asociación de Personas con Diabetes de Cuenca (ASDICU tiene diabetes tipo 1 desde los 12 años. vive con Oddie, un Jack Russell terrier del que ahora no se separa. “Mis padres estuvieron buscando todo tipo de opciones cuando debuté, y después de conocer la existencia de los perros de alerta, iniciamos el proceso”, recuerda. En menos de un año, ya estaban viviendo con Oddie. 

Al principio, cuando no estaban tan extendidos los perros de asistencia en España, la presencia de Oddie conllevó algún que otro momento desagradable en espacios públicos como el transporte urbano o el supermercado. Con el tiempo, Pablo ha aprendido a hacer valer ese derecho con naturalidad. Como en el caso de Melanie, Oddie puede llegar a anticiparse a lo que el sensor todavía marca como normal, aportando una dosis extra de tranquilidad.

Las historias de Melanie y Pablo ilustran la forma en que un perro de alerta médica puede acompañar a las personas con diabetes, aportando seguridad y compañía en el día a día. Estos animales no pueden sustituir a sensores, bombas o cualquier otro método de medición pautado por el equipo sanitario, pero pueden añadirse a estos sistemas convirtiéndose, además, en un compañero fiel para toda la vida.